Veamos primeramente la definición de Navidad que nos entrega la Enciclopedia Encarta:
Navidad, celebración anual en la que se conmemora el nacimiento de Jesucristo en Belén según los evangelios de san Mateo y san Lucas.
Después de la Pascua de Resurrección es la fiesta más importante del año eclesiástico cristiano. Como los evangelios no mencionan fechas, no es seguro que Jesús naciera ese día. De hecho, el día de Navidad no fue oficialmente reconocido hasta el año 345, cuando por influencia de san Juan Crisóstomo y san Gregorio de Nacianceno se proclamó el 25 de diciembre como fecha de la Natividad de Jesús. De esta manera seguía la política de la iglesia primitiva de absorber en lugar de reprimir los ritos paganos existentes, que desde los primeros tiempos habían celebrado el solsticio de invierno y la llegada de la primavera.
La fiesta pagana más estrechamente asociada con la nueva Navidad era el Saturnal romano, del 17 al 23 de diciembre, en honor de Saturno, dios de la agricultura, que se celebraba durante siete días de bulliciosas diversiones y banquetes. Al mismo tiempo, se celebraba en el norte de Europa una fiesta de invierno similar, conocida como Yule, en la que se quemaban grandes troncos adornados con ramas y cintas en honor de los dioses para conseguir que el sol brillara con más fuerza.
Una vez incorporados estos elementos, la Iglesia añadió posteriormente en la edad media el nacimiento y los villancicos a sus costumbres. En esta época, los banquetes eran el punto culminante de las celebraciones. Todo esto tuvo un abrupto final en Gran Bretaña cuando, en 1552, los puritanos prohibieron la Navidad. Aunque la Navidad volvió a Inglaterra en 1660 con Carlos II, los rituales desaparecieron hasta la época victoriana.
La Navidad, tal como la conocemos hoy, es una creación del siglo XIX. El árbol de navidad, originario de zonas germanas, se extendió por otras áreas de Europa y América. Los villancicos fueron recuperados y se compusieron muchos nuevos (la costumbre de cantar villancicos, aunque de antiguos orígenes, procede fundamentalmente del siglo XIX). Las tarjetas de navidad no empezaron a utilizarse hasta la década de 1870, aunque la primera de ellas se imprimió en Londres en 1846. La familiar imagen de Santa Claus, con el trineo, los renos y las bolsas con juguetes, es una invención estadounidense de estos años, aunque la leyenda de Papá Noel sea antigua y compleja, y proceda en parte de san Nicolás y una jovial figura medieval, el espíritu de navidad. En Rusia lleva tradicionalmente un cochinillo rosa bajo el brazo.
Actualmente, la Navidad es una fiesta más profana que religiosa. Es tiempo de gran actividad comercial e intercambio de regalos, reuniones y comidas familiares. En Occidente se celebra la Misa del gallo en iglesias y catedrales. En los países de América Latina, de arraigada tradición católica, se celebra especialmente la Nochebuena (24 de diciembre) con una cena familiar para la que se elaboran una diversidad de platos, postres y bebidas tradicionales. También se acostumbra asistir a la Misa del gallo y celebrar con cohetes y fuegos artificiales. En México, la Nochebuena constituye la culminación de una celebración que dura nueve días a la que se llama “las posadas”. Éstas empiezan el 16 de diciembre y conmemoran el viaje de María y José en su búsqueda de alojamiento antes del nacimiento de Jesús. El número nueve también alude a los nueve meses de embarazo de María. Parte esencial de la fiesta es pedir posada mediante unos cantos en los que unos asistentes solicitan el favor de ser recibidos y otros responden, primero negándose, y al final concediéndolo, con lo que todos estallan en júbilo por el feliz final de la travesía de los peregrinos. Otro elemento fundamental es la piñata que, junto con el canto de la letanía, los juegos tradicionales, los dulces y las bebidas propias de la época aglutinan las enseñanzas introducidas por los evangelizadores en la Nueva España en la segunda mitad del siglo XVI. El origen de las posadas parece hallarse en el convento de San Agustín de Acolman, en donde los monjes agustinos aprovechaban la coincidencia de las fechas cristianas y las de los ritos de los aztecas, quienes festejaban el nacimiento de su máxima deidad, el dios Huitzilopochtli.
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El día de Navidad (el 25 de Diciembre del 2009) fuimos a pasar las festividades en casa de mis padres en el sector de Recreo, Viña del Mar, como es costumbre para estas fechas, y sentados todos en el patio trasero bajo los toldos, bebidas y cerveza en mano, mientras que mi hermano que no se sacó los anteojos durante todo el día, hablaba con la boca llena, nos recordábamos de las anécdotas que pasaron en dichas fechas, y les recordaba el ritual de la cena navideña que se llevaba a cabo en forma religiosa año tras año en casa de mis abuelos maternos, hoy de mis padres:
El 22 de diciembre, partía yo a casa de mi abuela a ayudarla a fabricar las galletas navideñas (con el control de calidad incluido sin costo adicional) mientras ella se dedicaba a cocinar el pavo que era gigantesco.
El 23 de diciembre me tocaba armar árbol de pascua, un pino natural de cómo 2 metros de altura y que entre cuyos accesorios contaba con finas láminas de papel aluminio, mini candelabros con sus respectivas velas, adornos de cristal, algunos de ellos heredados de mis bisabuelos y que ella cuidadosamente guardaba.
El 24 de diciembre en la mañana, los últimos arreglos y detalles al árbol, a las galletas, y a la mesa. Misa 19:30 hrs. en Valparaíso en tenida formal, vuelta a Viña del Mar al la casa de mis abuelos en Recreo, casa que hoy ocupan mis padres. A las 21:00 se procedía a la apertura de regalos por parte de los niños. Cena navideña que nunca varió hasta el fallecimiento de mi abuelo Carlos en 1995 y que consistía en:
Entrada: Sopa de espárragos enteros, en la mesa había siempre panecillos, mantequilla, mayonesa, salsa americana.
Plato principal: Ensalada de papas con arvejas, pavo blanco y oscuro, tomate, lechuga, palta, choclo, arvejas, rabanitos, aceitunas.
Postre: Torta helada de frambuesa, helado de piña, frutas de la estación espolvoreada con azúcar flor, galletas navideñas, café y té.
Para beber: Ginger Ale, ponche que mi abuelo Carlos preparaba, agua, vino tinto y blanco. Yo era un tanto transgresor de las normas y me preparaba Ginger Ale con helado de piña, una especie de Ponche a la Romana sin alcohol.
Después de que todos terminábamos de cenar (los menores de 15 años lo debían hacer en la mesa del “pellejo”), mi abuelo se sentaba en su sillón favorito (un antiguo sillón que lo había adquirido en un remate en Reñaca a muy bajo precio y que después resultó ser muy valioso) y con la cooperación de los nietos se abrían los regalos de los mayores.
Hoy desde el fallecimiento de mi abuelo materno en 1995 cada familia celebra la navidad por separado, mis tíos y primos cada uno por su lado, mis padres, mi hermano, incluso yo también la celebro por separado, lo que sí el día de Navidad (25) nos reunimos mis hermanos y yo en casa de mis padres, junto con nuestros hijos y volvemos a reunir 3 generaciones bajo un mismo techo, celebrando al menos Navidad.
Contaba mi madre que una vez mi abuelo Carlos les dio a las gallinas que mi abuela mantenía en el patio, los duraznos que habían sobrado del ponche de la fiesta de Nochebuena, y las pobres gallinas después no se podían levantar del suelo, pues habían ingerido el alcohol que había absorbido la fruta del ponche.
Y como siempre pasa en todas las culturas, en todos los países, las tradiciones se pierden por dejación, por la vida vertiginosa que llevamos, yo he intentado al menos de mantener la tradición del celebrar el día de San Nicolás (el 6 de diciembre) dejando dentro de los calcetines navideños, galletas, dulces y alguno que otro pequeño presente, pero cuesta mantenerlas porque por ejemplo mi señora no acostumbra a celebrar ese día en particular,… si todos pusiéramos un pequeño granito de esfuerzo en intentar de mantener algunas tradiciones familiares, creo que el mundo sería un poquito mejor.
Por un dato de un primo de mi señora, decidimos pasar un día domingo distinto, en un lugar distinto. Mi señora no estaba muy convencida, y nos dirigimos a
Almorzamos bajo la sombra al aire libre y tranquilo, con muy buena atención, sin preocuparme de los niños ya que los mantenía siempre a la vista y estaban entretenidos jugando.
Creo que mi afición a los quesos comenzó con el consumo de queso tipo Edam y quesillo durante las vacaciones de verano.
Tengo una confesión terrible que hacer, en este mundo en que las drogas se venden a la vuelta de la esquina, en que muchos jóvenes deambular en estado de ebriedad, tengo que confesar públicamente mi vicio: El gusto enfermizo por el consumo de queso. No importa si es Mozzarella, Camembert, Edam, Cheddar, Gruyère, Roquefort, Red Leicester, Raclette, Epoisses, Stinking Bishop, Chavignol, Brie, Gjetost, Froimage frais, Single Gloucester, Parmesano, Gauda o Chanco.
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