Página de Archivo 2

08
Jul
08

Lluvia

Me despierto agitado, aún tengo pesadillas, no tengo “estómago” para presenciar el sacrificio de animales, tanta sangre me hace vomitar (incluso en los videojuegos). Escucho el caer de la lluvia sobre el tejado de la casa, afuera los árboles inmóviles y oscuros aportan con el característico sonido del agua que golpea en la madrera y en las hojas, el camino de ripio también porta con lo suyo. Intento dormirme nuevamente, es imposible, voy a hurtadillas hasta la despensa y hurto un yogurt al cual le agrego miel (estrictamente prohibido, al igual que la mermelada) y me acurruco en el sillón que ocupaba mi abuelo Carlos (el mismo en que aparezco en la imagen de este blog), aún quedan algunas brasas en la chimenea y la lluvia sigue golpeando con armonioso compás el techo. Con el tic tac del reloj del living comienzo a quedarme dormido nuevamente, cierro los ojos, otras imágenes llenan mi mente, pero ya no llueve, me encuentro pescando junto a mi abuelo Carlos. Una luz cegadora alumbra la estancia y un ruido ensordecedor me despierta del todo, ha comenzado una tormenta eléctrica (mis favoritas) y en un par de minutos siendo cerca de las 5 a.m. el living se llena de familiares para apreciar este magno espectáculo de la naturaleza.
Aún ahora cuando llueve evoco esos agradables recuerdos de mis vacaciones y de aquel sonido de la lluvia sobre el tejado de alerce de “La Querencia” en el fundo Puntiagudo el cual no visito hace 8 años (desde el nacimiento de mi hijo mayor).

* Fotografía: Vanessa Schwark

14
Jun
08

Héctor C. Reusser Bravo

Afectado del corazón lo que lo motivó retirarse de la Armada cuando se le auguraba una brillante carrera, y con el reciente dolor de haber perdido a su señora esposa, busca en la pintura un esparcimiento para sus horas de soledad en su departamento de Viña del Mar.

El Capitán de Navío (R) Héctor Reusser Bravo era cadete de la Escuela Naval cuando ya dibujada en lápiz los rostros de sus compañeros. Años después como instructor con el grado de Teniente 1º, retrataba los rostros de sus alumnos , entre los que recuerda al actual Vicealmirante Arturo Troncoso Daroch. “Ahora la pintura es para mi una distracción enorme y ya tengo como treinta o cuarenta croquis guardados para los días de lluvia cuando no pueda salir a la calle”, expresa al terminar un paisaje.

“Cuando tuve que retirarme de la Armada por mi afección al corazón, pensé que podía dedicarme por entero a la pintura y así lo hice. Ingrese al Bellas Artes de Valparaíso donde estudié por tres años. Recuerdo que había muy buenos profesores y aprendí mucho en las técnicas de pintura, aunque no puedo dejar de confesar que me considero autodidacta. Hace años me dedicaba mucho más que ahora e incluso monté una exposición en la calle Valparaíso, en la que me fue muy bien, de 25 cuadros vendí 20. Creo que gustó mucho al la gente, fue la simplicidad de mis trabajos, todos ellos paisajes tal como yo los veo. Nada de interpretar nada.”

“A lo mejor es por eso – añadió – que prefiera a los artistas antiguos que a los modernos. Llegaban mejor a al público. Por ejemplo Renoir no tiene ninguna comparación con los pintores de hoy.”

Aparte del dibujo y los retratos a carboncillo, don Héctor Reusser ha trabajado en tinta China (el Caleuche, barco de ensueño), acuarela y óleo. De la técnica de dibujo ha sacado un aventajado alumno: su propio hijo Héctor Reusser Moreno, ingeniero de Asmar, quién siguió los pasos de su padre. Él precisamente , le ha entregado una de las mayores alegrías representada por tres nietos que continuamente lo visitan en su hogar de 3 Poniente 311.

Recientemente viudo (su esposa Irma Beas Alquinta falleció el 15 de Enero pasado), considera a la pintura una de las mejores terapias para olvidar la congoja . Por recomendación de los médicos, cada día debe caminar una hora diaria en al mañana y una hora en la tarde. Por las tardes se entretiene viendo las noticias por la TV y siguiendo con las películas hasta que las transmisiones terminan.

“Como ahora pinto menos, tengo también tiempo para visitar toda exposición que se monte ya sea en Viña o Valparaíso”.

Diario el Mercurio de Viña del Mar, sección Arte y Cultura alrededor de Marzo de 1979

10
Jun
08

Probare caseus 2

Creo que mi afición a los quesos comenzó con el consumo de queso tipo Edam y quesillo durante las vacaciones de verano.

Ahora ¿cómo descubrir un buen queso?, siempre me enseñaron que cuando un queso derretido se estira màs 10 cms sin cortarse, estamos ante un queso de buena calidad (no como el laminado que compramos hoy en día en el supermercado que al derretirse sobre todo en la sopa se aglutina y tiene las consistencia de chicle, ni hablar de aquellos quesos reconstituídos), hay que ver su color y aroma (hay unos quesos deliciosos con pimienta). Ustedes se preguntarán como se tanto…? es facil durante el verano durante mis vacaciones seguía muy de cerca la producción de queso (en ese entonces en tinajas de madera, hoy en tinajas de aluminio), desde que se calentaba, cuajaba, prensaba, y maduraba. Creo que pasar tanto tiempo cerca de la fabricación de quesos hizo que adquiriera una afición desmedida por este subroducto de la leche, me acuerdo que el suero (que era lo que sobraba de la leche y del proceso de la fabricación misma del queso) se lo dábamos a los chanchos.
Personalmente para mi gusto personal hay 4 quesos que llenan todas mis espectativas y éstos son:
El queso Edam, el Roquefort, el Gruyère y el Cheddar.

09
Jun
08

Probare caseus 1

Tengo una confesión terrible que hacer, en este mundo en que las drogas se venden a la vuelta de la esquina, en que muchos jóvenes deambular en estado de ebriedad, tengo que confesar públicamente mi vicio: El gusto enfermizo por el consumo de queso. No importa si es Mozzarella, Camembert, Edam, Cheddar, Gruyère, Roquefort, Red Leicester, Raclette, Epoisses, Stinking Bishop, Chavignol, Brie, Gjetost, Froimage frais, Single Gloucester, Parmesano, Gauda o Chanco.

Hace un par de meses asistí a un matrimonio en Viña del Mar, y debo confesar que práticamente me apoderé de la tabla de quesos, una vez consumados los hechos (o comido los quesos) y cuando empezó el “bailoteo”, me pude apoderar de varias tablas de quesos más que quedaron abandonadas a su suerte en las distintas mesas, introduciéndome en los bolsillos del terno aquellos pedazos que no pude comer en ese instante, aprovechando después de comerlos mientras bailaba con mi señora, para gran espanto suyo.

04
Jun
08

Apuntes sureños 3

La noche está cálida, un suave viento sopla a esas horas, el generador se ha apagado y estamos sin luz, estamos sentados a la entrada de la casa sobre los amplios escalones de piedra laja: sólo se escucha el viento pasar a traves de los árboles, el canto de los grillos, y el sonido del agua; el cielo está despejado y miles de estrellas inundan el firmamento. Nos ponemos a buscar satélites, en esas latitudes es fácil ya que solo basta ubicar un punto luminoso que se mueva.
Salimos a caminar linterna en mano, tenemos la luz de las estrellas y el paisaje se muestra extrañamente iluminado, los árboles parecen fantasmas que se mecen al compás de la suave brisa, el pasto cruje y el ambiente está lleno de ruidos nocturnos. Una gran sombra se divisa a lo lejos que avanza en forma rápida resoplando, alumbramos con la linterna, 2 ojos rojos nos miran fijamente, nos acercamos más… un caballo que se estaba dando un festín con las flores (Dalias) que tanto cuda mi abuela Ruth, por lo que tenemos que arrearlo de vuelta por los corrales por los cuales se había “colado”, cerrar la tranca y volver a asegurarla.

Nos llaman, es hora de entrar, entramos a toda prisa y nos ponemos a conversar en el living a la luz de las velas, es tarde, el reloj ya ha dado más de medianoche, mañana otro día de aventuras nos espera…

 

Foto de Vanessa Schwark