Me despierto agitado, aún tengo pesadillas, no tengo “estómago” para presenciar el sacrificio de animales, tanta sangre me hace vomitar (incluso en los videojuegos). Escucho el caer de la lluvia sobre el tejado de la casa, afuera los árboles inmóviles y oscuros aportan con el característico sonido del agua que golpea en la madrera y en las hojas, el camino de ripio también porta con lo suyo. Intento dormirme nuevamente, es imposible, voy a hurtadillas hasta la despensa y hurto un yogurt al cual le agrego miel (estrictamente prohibido, al igual que la mermelada) y me acurruco en el sillón que ocupaba mi abuelo Carlos (el mismo en que aparezco en la imagen de este blog), aún quedan algunas brasas en la chimenea y la lluvia sigue golpeando con armonioso compás el techo. Con el tic tac del reloj del living comienzo a quedarme dormido nuevamente, cierro los ojos, otras imágenes llenan mi mente, pero ya no llueve, me encuentro pescando junto a mi abuelo Carlos. Una luz cegadora alumbra la estancia y un ruido ensordecedor me despierta del todo, ha comenzado una tormenta eléctrica (mis favoritas) y en un par de minutos siendo cerca de las 5 a.m. el living se llena de familiares para apreciar este magno espectáculo de la naturaleza.
Aún ahora cuando llueve evoco esos agradables recuerdos de mis vacaciones y de aquel sonido de la lluvia sobre el tejado de alerce de “La Querencia” en el fundo Puntiagudo el cual no visito hace 8 años (desde el nacimiento de mi hijo mayor).
* Fotografía: Vanessa Schwark
Afectado del corazón lo que lo motivó retirarse de la Armada cuando se le auguraba una brillante carrera, y con el reciente dolor de haber perdido a su señora esposa, busca en la pintura un esparcimiento para sus horas de soledad en su departamento de Viña del Mar.
Creo que mi afición a los quesos comenzó con el consumo de queso tipo Edam y quesillo durante las vacaciones de verano.
Tengo una confesión terrible que hacer, en este mundo en que las drogas se venden a la vuelta de la esquina, en que muchos jóvenes deambular en estado de ebriedad, tengo que confesar públicamente mi vicio: El gusto enfermizo por el consumo de queso. No importa si es Mozzarella, Camembert, Edam, Cheddar, Gruyère, Roquefort, Red Leicester, Raclette, Epoisses, Stinking Bishop, Chavignol, Brie, Gjetost, Froimage frais, Single Gloucester, Parmesano, Gauda o Chanco.
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