¿Quieres chocolate caliente para pasar el frío?
Hace frío, cierro los ojos y escucho el pasar de camiones y vehículos, escucho gente que conversa, risas, el ruido de trineos deslizándose por los faldeos de la montaña, voces lejanas, el motor de un helicóptero me hace abrir los ojos y mirar hacia el cielo, un helicóptero Super Puma camuflado con esquís en sus ruedas pasa raudo con su ensordecedor ruido de motores por sobre mi cabeza. Cierro nuevamente los ojos, un rico aroma a chocolate caliente inunda mis fosas nasales y la voz vuelve a preguntarme un vez mas: “¿Quieres chocolate caliente para pasar el frío?”
¿Por qué viene la gente a la nieve? Será un viejo instinto primitivo que aún conservamos, algún recuerdo dormido de una época glaciar que nos hace volver no tan solo a practicar un deporte, sino que respondemos a un profundo instinto animal de reencontrarnos con este medio ambiente?, ¿será que aún conservamos memoria genética de nuestros ancestros?, porque seamos francos para ir a cagarse de frío, mojarse, resbalarse, y quemarse (producto del intenso reflejo del sol en la nieve) hay que tener un llamado interior muy intenso, un amor a los climas extremos y a la montaña, al aire puro, al asombro por los fenómenos climáticos y a la simplicidad de la vida, a la adaptación del ser humano a condiciones extremas, a la voluntad de dominar a la naturaleza. La nieve es será para muchos un motivo de alegría, de juego, de deporte, de esparcimiento, para otros lamentablemente motivo de sacrificio, sufrimiento, y de muerte (ver tragedia de Antuco), para mí particularmente mientras tomo chocolate caliente junto a mi señora, disfruto interiormente al ver como mi hijo mayor no descansa en deslizarse una y otra vez por la nieve mientras mi niño interior también se desliza por los faldeos del cerro, que experiencia mas fascinante la de estar en la nieve.
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