Son cerca de las 21:00 horas y hemos bajado a pasear con nuestras linternas, no hace frío, por lo que es más grata aún la noche. Los zancudos y mosquitos abundan a esa hora sobre todo en la superficie del lago (para gran placer de los peces). El sol ya ha teñido los cielos de colores, y el cerro “Tronador” se ha despedido de su color rosado, ya se puede empezar a escuchar el croar de las ranas y los grillos (contaban las crónicas familiares que cuando chico no podía dormir hasta que me sacaran los grillos de la pieza).
El lago está calmo y sólo se escucha el suave golpear del agua sobre los escalones de madera del muelle y a lo lejos los cánticos de Taguas y Hualas. La noche ya está devorando el firmamento y un sinfín de estrellas está poblando el cielo cristalino y diáfano. La oscuridad prácticamente es casi absoluta si no se cuenta con la luna llena; apuramos el paso y encendemos nuestras linternas para llegar a casa, pasando entre las sombras fantasmales de los arbustos y árboles, al final todo cambia, hace irrupción un paisaje bello y misterioso que hace gala de todo su esplendor y somos unos de los pocos testigos de esta belleza nocturna que muchos no reparan con el ajetreado modo de vida de ciudad que llevamos.
PS: La autora de la fotografía corresponde a Vanessa Schwark y tiene otras muy hermosas en: http://www.olhares.com/vschwark
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