Afectado del corazón lo que lo motivó retirarse de la Armada cuando se le auguraba una brillante carrera, y con el reciente dolor de haber perdido a su señora esposa, busca en la pintura un esparcimiento para sus horas de soledad en su departamento de Viña del Mar.
El Capitán de Navío (R) Héctor Reusser Bravo era cadete de la Escuela Naval cuando ya dibujada en lápiz los rostros de sus compañeros. Años después como instructor con el grado de Teniente 1º, retrataba los rostros de sus alumnos , entre los que recuerda al actual Vicealmirante Arturo Troncoso Daroch. “Ahora la pintura es para mi una distracción enorme y ya tengo como treinta o cuarenta croquis guardados para los días de lluvia cuando no pueda salir a la calle”, expresa al terminar un paisaje.
“Cuando tuve que retirarme de la Armada por mi afección al corazón, pensé que podía dedicarme por entero a la pintura y así lo hice. Ingrese al Bellas Artes de Valparaíso donde estudié por tres años. Recuerdo que había muy buenos profesores y aprendí mucho en las técnicas de pintura, aunque no puedo dejar de confesar que me considero autodidacta. Hace años me dedicaba mucho más que ahora e incluso monté una exposición en la calle Valparaíso, en la que me fue muy bien, de 25 cuadros vendí 20. Creo que gustó mucho al la gente, fue la simplicidad de mis trabajos, todos ellos paisajes tal como yo los veo. Nada de interpretar nada.”
“A lo mejor es por eso – añadió – que prefiera a los artistas antiguos que a los modernos. Llegaban mejor a al público. Por ejemplo Renoir no tiene ninguna comparación con los pintores de hoy.”
Aparte del dibujo y los retratos a carboncillo, don Héctor Reusser ha trabajado en tinta China (el Caleuche, barco de ensueño), acuarela y óleo. De la técnica de dibujo ha sacado un aventajado alumno: su propio hijo Héctor Reusser Moreno, ingeniero de Asmar, quién siguió los pasos de su padre. Él precisamente , le ha entregado una de las mayores alegrías representada por tres nietos que continuamente lo visitan en su hogar de 3 Poniente 311.
Recientemente viudo (su esposa Irma Beas Alquinta falleció el 15 de Enero pasado), considera a la pintura una de las mejores terapias para olvidar la congoja . Por recomendación de los médicos, cada día debe caminar una hora diaria en al mañana y una hora en la tarde. Por las tardes se entretiene viendo las noticias por la TV y siguiendo con las películas hasta que las transmisiones terminan.
“Como ahora pinto menos, tengo también tiempo para visitar toda exposición que se monte ya sea en Viña o Valparaíso”.
Diario el Mercurio de Viña del Mar, sección Arte y Cultura alrededor de Marzo de 1979
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